miércoles, 20 de septiembre de 2017

El descuido no es olvido

Hace ya nueve años atrás, creé este blog con el fin de escribir mis pensamientos. Esta noche,  he buscado en mi memoria las contraseñas del pasado y he dado sorprendentemente con una cuenta de Gmail y un blog creados en mi adolescencia, de cuyas existencias pensaba habían entrado en caducidad hace mucho tiempo atrás.
Hoy tengo la misma urgencia escritural de aquellos años, hoy tengo un libro de experiencias no escrito, sino que vivido.
Hoy la fuente de la que provienen mis palabras no esta en lo leído, sino que en lo oído, así como en lo visto y experimentado; han sido cerca de diez años en los que me he preguntado una y otra vez, que es lo que se hacer mejor, de qué voy a vivir. He intentado estar en la academia, en los grupos populares, en los centros culturales, pero de alguna forma, me bloqueo y no logro penetrar ciertas capas. He intentado ser comerciante, vendedora, digitadora, profesora, organizadora y nada me sale mejor que escribir. He de convencerme que este es mi oficio, que este es mi talento?

Siempre cuento cómo llegue a las letras: con 6 años de edad, aprendí a leer  y lo primero que hice fue leer una novela: "Yu Lan, el niño aviador" que 90 páginas tenía, demorandome dos meses en leerlo. Desde ese momento no paré de leer hasta mis 21 años. Edad en la que quise experimentar el amor y la vida, fuera de los libros. Entonces, salí al mundo,  era una joven rara, todos coinciden en eso, mi escuela fueron los libros, mis maestros Jack London, Charles Dickens, mis maestras  Gabriela Mistral, María Luisa Bombal, me enamoré con Gustavo  Adolfo Becker  y  García Lorca. No conocía el mundo fuera de los libros. Con 19 años me vine a estudiar a Santiago teniendo dentro de mi la misma sensación de gusto que siento ahora al escribir estas palabras, creyendo que mi escritura me haría romper cadenas y derribar muros. Pero qué equivocada estaba:

Hoy, luego de experimentar con la realidad material, con la problemática de la existencia, mi escritura está infértil y oculta, por lo tanto atrofiada, pero ya no quiero callar, quiero hablar, quiero escribir, simplemente expresar y que esa muestra del poder creador de la palabra me marque caminos y aventuras por vivir, en libertad. No me sirve de nada retener mi escritura, ya que siento que con ella o sin ella, de igual forma moriré.

Las palabras me harán libre y la gente se liberará en la lectura y en la crítica.
O quizás no pase nada y mi escritura pasará a llenar los archivos y bases de datos de cientos de escritores que han intentado mostrar su arte, sintiendo el fracaso sobre si mismos al no poder sentir que la escritura les ayuda a vivir y lo digo desde el deseo de vivir de la escritura, que es el gran sueño de todo escritor. Y el privilegio de algunos pocos.

Soy lo que he construido de mí, ustedes son lectores que se construyen a sí mismos, sujetos pensantes, ocultos, como yo escribiendo estas palabras en la oscuridad de la noche, tú lees esto, en silencio, sin compartirlo con nadie, entonces el lenguaje te hechiza, y empiezas a creer en la belleza de las palabras y en los mundos que esta puede abrir y crear para ti. Entonces, tú, has dado un alto en tu camino y haz entregado quizás 3 minutos de tu tiempo en leer esto hasta al final, solo por el goce de la lectura y sin otro fin más que el disfrute de las palabras y las ideas dichas por otro en plena libertad. Es eso lo más disfrutable en la vida, la libertad de hacer lo que gusta, sin culpas y sin dolores. Y entonces pienso que el placer del hacer con gusto, nos llevara a la nueva era.

Dios dijo: hágase la luz y la luz se hizo. Yo digo que somos dioses.